martes, 6 de diciembre de 2011

Su cerveza es: Corona

Generalmente las bebidas, ya sean alcohólicas o no, se presentan ante el público como elemento de integración social. Su objetivo publicitario no pretende explicar qué es el producto (no hay necesidad de ello puesto que el consumidor ya lo asocia a su vida) sin embargo la nueva tarea es presentar la función que dichas bebidas tienen dentro de la sociedad. En algunos casos se pretende colocar a la bebida como punto de reunión, medio de sociabilidad, antibiótico, inhibidor e incluso como puente hacia la felicidad. Sin embargo dichas facetas ya son bastante obvias para el público. La mayoría puede reconocer una comida familiar si una enorme botella de gaseosa de etiqueta roja está al centro de la mesa. O identificar que llegó al verdadero punto de reunión cuando ve a todas esas personas con botella en mano. Repito, sin importar si son alcohólicas o no. En esas imágenes la bebida ya no es un producto. No se muestra cuánto cuesta ni dónde comprarlo. Por el contrario a la bebida se le ubica en una muy identificable situación, por lo tanto deja de ser un objeto para transformarse en amigo, compañero, casi hermano de quien la sostiene. Por eso la publicidad de estos productos siempre presenta a un grupo de personas que están disfrutando y conviviendo únicamente por la presencia de la bebida.

Entonces, si la bebida dejó de ser objeto para ser casi un individuo o una emoción como la felicidad, según dice la etiqueta roja, también podría convertirse en el emisario de una identidad nacional. La publicidad de las cervezas se asemeja a los anuncios de otras bebidas alcohólicas por utilizar el ambiente festivo, la sexualidad, o la galantería. Sin embargo a varios de los anunciantes de cerveza también les gusta utilizar el humor.

El grupo modelo, al promocionar su producto “Corona”, utiliza estos dos elementos: el pretendido humor y la identidad nacional. En varios de sus anuncios televisivos se da al espectador la imagen de “Corona” como la presencia de México en el mundo. Al parecer cuando se destapa una Corona se destapa toda la mexicanidad contenida en ella logrando contagiar a rusos, esquimales, canadienses, estadounidenses con el Cielito lindo, El jarabe tapatío, El son de la negra, El sinaloense, el grito ¡viva México!, o con lo bailes regionales, los voladores de Papantla, las trajineras de Xochimilco y las suertes charras.

Esta publicidad hace ver a “Corona” como la esencia nacional que impregna su festividad a los habitantes de otras naciones con el objetivo de que la asimilen como una ruptura de su quehacer cotidiano y sean mexicanos o se muestren mexicanos por unos momentos. Por lo tanto “Corona” es el auténtico producto de exportación de México porque no sólo es una bebida sino toda una cultura que viaja dentro de ese envase y se mezcla con su líquido.

Pero a su vez tipifica la mexicanidad al exponerla sólo de manera festiva, al vincularla con tradiciones que en algunos casos ni siquiera son entendidas por los mismos mexicanos o no son practicadas por todos ellos. Pero la caracterización no es únicamente de México sino también del país al que se visita pues para los espectadores mexicanos los chinos son reconocidos por su muralla o los rusos por su plaza roja y los esquimales por sus iglús. Habría que preguntarse qué tan estereotipada es la mirada de unos sobre los otros. Estos anuncios podrían también ejemplificar de qué manera nos ve el otro y con qué nos relaciona. Pues para ellos posiblemente un mexicano no es mexicano si no lleva sombrero charro o no se sabe el Cielito lindo o no bebe “Corona”.

Denise R. Roldán


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